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Desempleo en esta economía.

MINDLESS ROBOT

Tiene tres meses que renuncié a mi trabajo de la vida farmacéutica, el de lunes a viernes ocasionalmente casi siempre los sábados; que terminó convirtiéndose en una relación tóxica casi eterna.

He vivido con depresión y ansiedad la mayor parte de mi vida, sin que mi familia lo entienda y ocultándolo del ámbito laboral porque muy probablemente no me habrían dado el trabajo; soy una persona funcional, en realidad no es que refleje depresión, muchas veces me burlo de ello, simplemente como buena mexicana: tomo con humor las tragedias.

Mi trabajo no requería de mucho esfuerzo mental, una vez que aprendes los procedimientos y técnicas, consiste en hacer lo mismo una y otra vez; en realidad de eso de trata la industria. Quizá de repente realizar investigaciones cuando algo se sale del patrón, pero muchas veces me recuerdo haber colocado en modo automático.

En México mágico las condiciones laborales están por el suelo: jornadas excesivas, sueldos bajos para puestos que requieren años de experiencia y gente joven, bajas o inexistentes prestaciones, contratos temporales y ni hablar del nepotismo. Cómo se puede trabajar bajo esas condiciones y mantenerse estable emocionalmente, sí es pregunta y una muy seria.

Mi situación era regular hasta que pedí un aumento, significó darme doble trabajo y caer en crisis unas tres veces dentro de la empresa. La primera la dejé pasar, “fue un mal momento, se me juntaron muchas cosas”, tuve una especie de retroalimentación con mi entonces jefa y me quedé tranquila por unos días.

El comportamiento aislado y cansado lo atribuía al trabajo, era un constante you know I’m stressed, everything’s gonna be ok, podré solucionarlo este fin de semana y comenzar mejor la semana. Sin embargo, el estrés me llevó a descuidarme hasta sentirme despersonalizada, comencé a perder cabello, dormía mucho de día y poco de noche, contracturas desde el cuello hasta la espalda baja o lloraba sin razón alguna.

Pasé meses ignorándolo, todo lo relacionaba a efectos colaterales del estrés laboral, finalmente hubo momentos en los que ya no sentía nada. Tiempo después me entró preocupación porque renunciar no era una posibilidad; así que comencé mi plan de acción con autocuidados modernos: ejercicio constante, mantenerme hidratada, dormir lo más cercano a ocho horas, alimentarme mejor e incluso meditar (spoiler: nada funcionó).

Un mes antes del día del adiós, ocurrió lo peor: la tercer crisis dentro de la empresa. No recuerdo qué fue el detonante pero no supe sobrellevar el estrés; terminó en un ataque de ira, comencé a golpear a puños todas las paredes mientras lloraba desesperadamente y minutos después cuando todo pasó me quedé pasmada al ver lo que había ocasionado.

No era la primera vez que atravesaba una crisis, pero en esta ocasión venía en otra presentación, estaba demasiado ocupada como para darme cuenta que tocaba mi puerta otra vez y que aún teniendo ingresos fijos ignoré ir a terapia porque pensé que renunciar a mi trabajo sería la solución.

Realicé mi plan de escape y que recomiendo para cuando quieran dejar su trabajo:

1.- Platiquen con su jefe directo sobre la situación que están presentando, la mayoría no sabe sobre salud mental y mucho menos cómo afecta.

2.- Los factores como exceso de actividades, baja remuneración económica, poco espacio para crecer y falta de retroalimentación o reconocimiento de tu trabajo orillan a la búsqueda de otro empleo; comenta cuál es tu inconformidad para explorar posibles cambios.

3.- Si no existe apoyo por parte de la empresa queda conocer nuestros límites para aproximar cuánto más podremos aguantar y efectuar lo siguiente:

  • Ahorrar, hay que llevarse una vida austera unos meses antes de renunciar para guardar lo más que se pueda.
  • Si no se necesita el descanso solo cambiar de trabajo: nunca renuncien hasta tener algo seguro. Empleos hay muchos, pero conseguir uno de 8 horas al día máximo, bien remunerado y relacionado con tu profesión está bieeeeen cabrón.

4.- Avisa a tus superiores que estás por irte, las empresas no tienen consideración cuando van a despedirte, pero creanme, uno tiene que quedar bien “para lo que se ofrezca”. 

Ya había explorado y agotado todas las posibilidades, no podía creer que todo apuntaba a  que tenía que renunciar, ¿cómo, a mi trabajo mas o menos decente? ¿adiós a la quincena segura? tenía mucho miedo, pero me asustó más el haberme sentido tan mal trabajando bajo esas condiciones a tal grado que ya no quería vivir.

Estar fuera el ámbito laboral tampoco es el paraíso, la primera semana caí con un resfriado fatal, consecuencia del cambio de rutina. Traté de incorporarme a una, anotarme a cursos en línea, despertar a cierta hora, pero me ganó la procrastinación.

Estar aislada en casa me comenzó a generar estrés y ansiedad a niveles similares de los que llevaba en la empresa. Busqué una actividad para mantenerme fuera de casa aunque fuese por un par de horas, comencé a retomar las fotografías y el diseño pero todos me han querido pagar con “experiencia” y “difusión” o ni eso.

Llevar una serie de auto cuidados no es la solución pero sí que me ayuda bastante, me han abierto el panorama para aceptar mi depresión que pasé meses ignorando, tengo constantes pensamientos de fracaso, no he podido generar ingresos para costear la terapia, aunque cada día hago pequeños esfuerzos para mantenerme estable, “esto será temporal” me repito constantemente.

That’s all folks!

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